Textos para el diálogo

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Location: Viña del Mar, Quinta Región, Chile

Pueden verse en http://ottoboye.blogspot.com

Friday, October 28, 2005

CANDIDATURA CHILENA EN LA OEA

Informe N. 454 de www.asuntospublicos.org
04/03/2005
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La presentación por segunda vez (1) de la candidatura a la Organización de Estados Americanos, OEA, del actual Ministro del Interior y ex Canciller, José Miguel Insulza, constituye una de las apuestas más interesantes intentada por Chile en los últimos años. Es, también, una de las más riesgosas.

Es interesante por varias razones. Ha suscitado, para comenzar, amplio consenso nacional, el que quedó de manifiesto cuando Insulza fue acompañado a Estados Unidos por personeros de gobierno y oposición, incluido el Presidente del Senado, el senador Hernán Larraín, de la UDI.


Esfuerzos en Grande

Ha producido, también, tras la búsqueda de los votos para ganar, movimientos de política exterior chilena en toda América Latina y el Caribe, considerablemente más extensos que otros, como han sido ofertas de mediación en la crisis entre Venezuela y Colombia o la complicada participación de fuerzas policiales chilenas en Haití. Igualmente, ha sido notable el compromiso del Presidente Lagos con la candidatura, quien ha salido personalmente del país a buscar apoyos para Insulza.

Ha producido, por último, y no por ello menos importante, planteamientos bien trabajados y articulados, como quedó estampado en la maciza intervención que Insulza leyó en Washington en presencia de todos los representantes ante la OEA y que causó buena impresión. No cabe duda alguna de que estamos ante una operación mayor de política exterior, realizada en gran estilo, como pocas veces se ha hecho.(2)


Los Riesgos

Pero el paso dado encierra, igualmente, riesgos evidentes.

Si la candidatura fracasa, la derrota será vista como un traspié de la política exterior de Chile y del propio candidato. Si triunfa se celebrará, naturalmente, el éxito obtenido, pero Insulza entrará, a partir de ese momento, al resbaladizo territorio de la política hemisférica.

Los años que vienen pueden no ser buenos para la OEA. Hay muchos escenarios críticos en el ambiente, con muestras de inestabilidad política en varios países y con un gobierno norteamericano crecientemente preocupado y dispuesto a hacerse presente, si lo juzga necesario.(3) Incluso hay un gobierno, el de Bolivia, que ha expresado, a quien lo quiera oír, su rechazo, tratando de argumentar que Insulza perjudicaría sus conocidas pretensiones marítimas.

En todo caso, si se logra el objetivo de Insulza sea elegido para la Secretaría General, el gobierno de Chile, que creemos será de la Concertación con una mujer a la cabeza, no podrá dejar de solidarizar con el compatriota al cual presentó como candidato el Presidente Lagos. Abandonarlo a su suerte sería una pésima señal. En medio de este terreno pedregoso, la mayor seguridad para Chile y para los estados miembros la proporcionará la fuerte personalidad de Insulza y su brillante trayectoria política. Es, lejos, el mejor candidato, sin desmerecer a los otros. Su formación es más amplia y su experiencia también. Su visión apunta al futuro y a las nuevas realidades que estamos viviendo. El consenso con el que ha contado en el país para presentar su candidatura se basa, evidentemente, en estas circunstancias.


Las Complejidades de la OEA

Para profundizar todavía algo más en torno al paso dado por el gobierno de presentar esta candidatura, conviene repasar brevemente dos aspectos respecto a la OEA: uno histórico y otro sobre su naturaleza en cuanto organismo internacional.

La OEA ha sido siempre un lugar donde los Estados Unidos se sientan a la mesa con todos los países del hemisferio en una relación formal de igualdad, pero desigual en la práctica, ante el abrumador predominio de la gran potencia del Norte. Esa es la verdad. Ha sido, también, un espacio sometido al vaivén de la evolución histórica mundial, como sucedió en la Guerra Fría, cuando, por ejemplo, se excluyó, en una medida políticamente equivocada, a Cuba (Chile, bajo el gobierno de Jorge Alessandri, estuvo en contra de esta medida, posición que tuvo amplio respaldo nacional).

Hoy, en un nuevo tiempo que todavía no tiene nombre definitivo, la OEA también ha sido, después de todo, un lugar donde algunos acuerdos logran mostrar un esfuerzo por favorecer tendencias en las que hay consenso. Por imperfectas que sean las democracias surgidas en los últimos años en la región, éstas se han ido consolidando con aportes en los que a veces ha intervenido la OEA con mayor o menor suerte. La Carta Democrática, aprobada en Lima el 11 de septiembre de 2001, ha creado un marco teórico en el que hubo unanimidad y, en su aplicación, ha habido situaciones en las que dicho documento ha operado con relativa claridad.

En cuanto organismo internacional, la OEA es una institución eminentemente política, en contraste con otros entes más especializados, en que el carácter político, siempre existente, es menos visible. No obstante, es parte de un sistema más complejo, el sistema interamericano, formado por una red de organismos con distintas funciones.

Significativo es, desde luego, su sistema de protección a los derechos humanos. Pero, en cuanto órgano político, la OEA descansa básicamente en la voluntad política de los Estados miembros. Cuando ésta flaquea todo el sistema se resiente. En este sentido, la existencia de tres candidatos y hasta el rumor de que podría aparecer un cuarto presentado por Perú, no es el mejor de los augurios para asegurar la cohesión y vigor del organismo. Este es otro hecho que muestra los riesgos asumidos por Chile con la candidatura de Insulza.


Una Razón Más

Bastan estos pocos antecedentes para apreciar la naturaleza de la apuesta que asume Chile con su candidatura, pero también es cierto que ésta se justificaba en la necesidad de seguir marcando presencia en la región. Y este es un punto capital.

Durante bastante tiempo, Chile ofreció la imagen de estarse despidiendo de América Latina, con el pretexto de se incorporaba a un mundo más amplio y conveniente para los intereses nacionales. ¿Será necesario recordar a alguien que escribió en plena dictadura, en los días en que Chile se retiraba del Pacto Andino que había contribuido decisivamente a crear durante el gobierno de Frei Montalva, un artículo titulado “Adiós Latinoamérica”?

Paradojalmente, la política exterior de los gobiernos de la Concertación dio la impresión de seguir también este camino, sobre todo por el gran dinamismo que le otorgó a la conquista de mercados más allá de la región. Esto se justificaba plenamente, por cierto, pues el país tenía que abrirse al máximo para asegurar que su esforzado trabajo exportador tuviera éxito.

Pero la imagen se producía igual y, a veces, se fortalecía cuando se daban en la región algunos pasos incompletos y hasta marcados de inseguridad. Como esta imagen perjudica a Chile, por muchas razones que sería demasiado largo analizar ahora, pasos como la candidatura Insulza, entre otros, desmienten cualquier indiferencia hacia los problemas de la región en la que está situado de modo ineludible.


Una Oportunidad de Reconstrucción

La OEA ha atravesado en el último tiempo una severa crisis que la ha colocado, como pocas veces, muy lejos de los problemas reales de la gente. Tal vez, esta crisis abra la oportunidad de rehacerla en aquellos aspectos en los cuales exista consenso y que sean favorables a los intereses de las grandes mayorías latinoamericanas y caribeñas, que son los que debemos defender.

Si trabaja sistemáticamente por afianzar la democracia, apuntando a mejorar la calidad de la misma, si asume que ella descansa en definitiva en el desarrollo de los derechos económico-sociales, sin cuya existencia los otros derechos se hacen quiméricos, si hace aportes para mejorar la gobernabilidad de nuestras naciones, este controvertido organismo internacional podría recuperarse y hacer un aporte al mejoramiento de las condiciones de vida en toda la región. Sería una forma de poner a la OEA, citando a nuestro candidato a Secretario General, “en sintonía con los problemas reales de la gente”.

En suma, la OEA puede fortalecerse si, tanto el proceso como el acto mismo de elección de sus nuevas autoridades, se llevan a cabo en buena forma y si, después, se apunta a los verdaderos problemas de la región.

En última instancia, entonces, la voluntad política de todos decidirá si la partida será para bien o para mal. Chile, cuya imagen internacional ha reconquistado un alto y creciente prestigio a partir de 1990, está en condiciones de aportar en esta ocasión un manejo certero del principal organismo del sistema interamericano. Si su diplomacia sostiene con decisión y sin flaquezas este paso de presencia internacional en el hemisferio, el resto lo hará la experiencia y la personalidad de Insulza.
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NOTAS AL PIE:

(1) No olvidar que Insulza ya había sido candidato y que retiró su candidatura cuando compitió con el ex Presidente de Costa Rica, Miguel Angel Rodríguez, quien triunfó ampliamente en esa ocasión.
(2) Ante esto, resulta débil el argumento de mostrar el desprestigio en que ha caído la OEA y la pérdida, para la política interna chilena, de una figura como Insulza. Cf. Fernando Paulsen, Un desperdicio lamentable, en Diario Siete, Domingo 20.2.2005, pág. 48.
(3) Hoy el tema del terrorismo se ha instalado como su primera prioridad interna y externa. Hay amplio consenso en la región en contra de este mal, pero no siempre se comparte el método para combatirlo, muy cargado a veces exclusivamente al combate represivo de los efectos del fenómeno, en desmedro de una lucha más decidida en contra de sus causas.

Wednesday, October 26, 2005

EL NUEVO PAPA Y ALGUNOS DILEMAS QUE DEBERÁ ENFRENTAR

Informe N. 462 de www.asuntospublicos.org

09/04/2005
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La muerte de Juan Pablo II, más allá de las fuertes emociones causadas por la desaparición de un hombre históricamente significativo, que supo además hacerse querer por personas de todas las edades y condiciones, superando barreras culturales y raciales para otros infranqueables, abre un nuevo capítulo en la Iglesia Católica, cargado de desafíos y dilemas. No era fácil sustituir a un Papa como el que acaba de morir, que gobernó la Iglesia con fuerte y carismática personalidad por más de un cuarto de siglo, más aún si se consideran las muchas decisiones que tomó en todos los campos.

Analizar esta situación requiere capacidades que no tenemos en este momento, particularmente cuando todo se concentra ahora en el nuevo Papa -Benedicto XVI- y en miradas de conjunto que requieren experiencia y conocimiento profundo de la institución religiosa. Después de dejar constancia de algunos temas actuales, el peso del legado recibido y los dilemas que de allí pueden surgir, parece pertinente recurrir a un experto como el teólogo Hans Küng (1), cuya visión de futuro resulta de interés para apreciar la complejidad de las tareas del nuevo Pontífice y muchos de los temas con que necesariamente se verá enfrentado.


Cuatro Dimensiones

En la imposibilidad material de intentar algo muy completo vamos a referirnos esta vez sólo a asuntos en cuatro terrenos, referidos a la moral, la doctrina social, la organización y forma de llegar la Iglesia a la gente y su rol en la política mundial.


Temas Morales

Juan Pablo II se pronunció sobre un gran número de temas. Entre ellos, gran relevancia tuvieron los relacionados con la familia, la sexualidad humana y los muchos desafíos planteados por la era posmoderna en que estamos viviendo. No se trata aquí de entrar al análisis de cada uno de ellos, sino hacer una observación crítica general.

Creo que el mayor dilema de la Iglesia en temas morales está siendo cada vez más de índole metodológica. Su modo de aproximarse a ellos en la actualidad es excesivamente casuístico y la conduce, a mi juicio, a un callejón sin salida, que termina alejando el objetivo central de la moral, que es incrementar y estimular al máximo la presencia del amor en todas sus expresiones, o sea, del mandamiento central de Jesucristo, aquel que engloba a todos los demás. Hay demasiado Descartes, demasiado racionalismo cartesiano y newtoniano, en la forma en que la Iglesia desmenuza hoy la conducta humana, demasiada fragmentación del todo, llegando a hacerlo muchas veces irreconocible.

En lugar de convocar a la conciencia humana a discernir la mejor forma de encarnar el amor en las diversas situaciones, sin inmiscuirse en variadísimos detalles difíciles de evaluar en abstracto y desde lejos, las autoridades eclesiásticas han seguido ese camino escabroso, con resultados, por lo demás, poco halagadores, como se sabe. Mayorías abrumadoras de católicos en todo el mundo han respetado y amado a su Papa, por ejemplo, y hoy lo lloran sinceramente, pero han desobedecido en forma abierta las orientaciones dadas por él con énfasis y convicción indudables.


Doctrina Social

Desde León XIII y su famosa encíclica de 1891, la Rerum Novarum, este es el aspecto más moderno y volcado al mundo de hoy por parte de la Iglesia. Aquí Juan Pablo II dejó un legado notable y valiente, que ahora debiera estudiarse cuidadosamente para avanzar a un desarrollo y aplicación más cabales. No eludió los temas y habló con extrema claridad. No vaciló en criticar la falta de solidaridad del actual sistema económico predominante y clamar por la situación de los más pobres (“no pueden esperar” dijo en Chile...).

Habló de una “hipoteca social” de toda propiedad. Denunció las injusticias de toda índole. El desafío actual consiste en delinear una alternativa sólida a la globalización neoliberal imperante, que el Papa fallecido dejó bastante esbozada. La Doctrina Social de la Iglesia contiene principios y orientaciones con la potencialidad para lograr este objetivo. No siendo una ideología pasajera, como lo son todas, tiene más permanencia y capacidad de servir de fundamento a la acción política de cualquier ciudadanos que comparta sus valores fundamentales. Este es un aspecto sólido, donde la Iglesia puede hacer permanentemente nuevos aportes.


Organización

Este es el lado más débil de la Iglesia actual, pues está impregnado de patriarcalismo autoritario del que no se ha desprendido desde Constantino en adelante, en un mundo que crecientemente trata de alejarse de ese modelo.

Por desgracia, sigue rigiendo el sistema romano, imperial, vertical y presentado, a manera de blindaje, como querido por Dios. Aquí el Papa Juan Pablo II deja un pesado legado de decisiones que afianzaron este aspecto. En efecto, secundado por el Cardenal -y ahora Papa- Joseph Ratzinger y una Curia completamente leal, se practicó demasiada represión autoritaria durante este pontificado y poco diálogo con los afectados en el caso de numerosos teólogos disidentes.

Se le dio categoría de decisión definitiva y para siempre al celibato eclesiástico y al no acceso de las mujeres al sacerdocio. La Curia romana recuperó todo su poder, debilitado anteriormente por las políticas del recordado Juan XXIII y por el Concilio Vaticano II, que habían abierto tantas puertas y esperanzas. Aquí hubo un franco retroceso.


Rol en la Lucha por la Paz Mundial

Este fue el otro punto fuerte del pontificado de Juan Pablo II, el que, además, trascendió las fronteras confesionales y llegó, influyendo positivamente, a todos los seres humanos. El desafío consiste en llevar este tema de la paz tan lejos como sea posible, considerando el predominio de la violencia en tantas partes del planeta. La promoción de la no violencia, pivote esencial de una estrategia para la paz y parte sustantiva del mensaje de Jesucristo, resulta aquí esencial. Juan Pablo II hizo mucho en este campo y el mundo se lo agradecerá siempre, pero, a la luz de lo que sigue sucediendo y por tratarse de un tema infinito, deberá ser aún más desarrollado todavía en el siguiente pontificado.


Las Cinco Peticiones de Hans Küng

Hans Küng, notable figura (3) que perdió su derecho a enseñar en cuanto teólogo católico por un artículo crítico escrito al año de haber asumido Juan Pablo II su cargo, hizo una reflexión dirigida a los cardenales que se reunirían en cónclave, donde les hizo peticiones relacionadas con el “tipo de Papa que necesita nuestra Iglesia en este momento”. Küng resumió todos los requisitos en cinco criterios, basados en el Nuevo Testamento, en la gran tradición católica y en el Concilio Vaticano II. Ellos son:

Primero: “Elegid un Papa que no se aferre al derecho medieval de la Iglesia, sino que siga la brújula del Evangelio, con las puntas dirigidas hacia la libertad, la misericordia y la bondad afectuosa en el tratamiento de todos los problemas pendientes. Para ganarse la confianza de los fieles, el próximo Papa no sólo debe constituir una autoridad formal, jurídica e institucional, sino también una autoridad personal, pertinente y carismática.”

Segundo: “Elegid un Papa que restaure la colegialidad del obispo de Roma con los otros obispos, que existió en la Iglesia de los primeros siglos y que fue solemnemente confirmada por el Concilio Vaticano II; que no considere a la Iglesia como un aparato de poder unilateral, que excluye el diálogo y la democracia, sino como una comunidad de fe, como el pueblo de Dios, con el Papa y los obispos a su servicio; que, por consiguiente, no considere los oficios de la Iglesia como una “norma sagrada” ( =jerarquía), sino como servicio ( =diaconía) a hombres y mujeres; que no se presente como único gobernante, sino como obispo principal incorporado al Colegio Episcopal, al servicio de todo el ecúmene; que no espere de los obispos obediencia ciega y una aplicación de la línea que él imponga, sino que los considere “buenos pastores” con responsabilidad propia, en asociación con el Papa, que se identifican principalmente con los fieles de su diócesis y de su país en el espíritu de Jesús. En una palabra, queridos hermanos, elegid un obispo compañero colegial. Porque ‘uno solo es vuestro maestro, y vosotros todos sois hermanos’ (Mateo, 23, 8).”

Tercero: “[Elegid] un Papa que rechace el sexismo y el patriarcalismo de la Iglesia y la división de sus miembros en dos clases; que garantice el derecho de los teólogos a expresar libremente sus puntos de vista; que evite emitir veredictos moralizadores sobre problemas complejos como la contracepción, el aborto y la sexualidad; que respete el derecho de los sacerdotes a casarse, un derecho claramente garantizado en el Nuevo Testamento y la Iglesia del primer milenio, y que reconsidere la prohibición discriminatoria del matrimonio para los sacerdotes, que no se impuso hasta el siglo XI; que no excluya de manera despiadada y permanente a los divorciados que han vuelto a casarse de tomar parte en la eucaristía; que permita la ordenación de mujeres, algo que, a la luz del Nuevo Testamento, es urgentemente necesario ante la diferente situación actual; que corrija la perniciosa encíclica Humanae Vitae promulgada por Pablo VI sobre la píldora, que ha alejado a muchas católicas de su Iglesia; y que reconozca explícitamente la responsabilidad personal de los cónyuges en el control de la natalidad y en el número de hijos que tiene cada pareja; que, en consecuencia, se tome en serio las diferentes capacidades, llamadas y carismas en la Iglesia, los cuales son importantes para construir una comunidad de hombres y mujeres en comunión. En una palabra, queridos hermanos, elegid un Papa bien dispuesto hacia las mujeres. Porque ‘ya no hay hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús’ (Gálatas 3, 28)”.

Cuarta: “Elegid un Papa que asuma como propios los resultados de las comisiones de diálogo ecuménico y que los ponga enérgicamente en práctica; que por fin reconozca los ministerios protestante y anglicano, como desde hace tiempo recomiendan las comisiones ecuménicas y como ya se practica en muchos lugares; que revoque los repudios que datan de la Reforma y la excomunión de Martin Lutero. En una palabra, queridos hermanos, elegid para Papa a un mediador ecuménico. Porque el Evangelio de Juan dice de todos los creyentes: “Ruego para que todos sean uno” (Juan, 17, 21).”

Quinta: “Elegid un Papa que, a pesar de todas sus reivindicaciones de verdad, no reivindique el monopolio de la verdad; que no sólo desee instruir a las demás religiones, sino también aprender de ellas, de sus tradiciones estéticas, espirituales, litúrgicas, éticas, teológicas y filosóficas, sin confusiones sincréticas de ningún tipo; que conceda a las iglesias nacionales, regionales y locales una autoridad adecuada, de forma que puedan adaptar su estilo de vida y organización bajo su propia responsabilidad. En una palabra, queridos hermanos, elegid a un garante de la libertad y de la apertura en la Iglesia. Porque ‘donde está el espíritu del Señor, allí está la libertad’ (II Corintios, 3, 17).”


Fortalecer la Esperanza de los Fieles

La conclusión de Küng merece también ser citada:

“En contraste con la época de Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, en grandes partes de la Iglesia actual prevalecen el pesimismo y el derrotismo. Eso me llena de profunda preocupación, dado que toda mi vida como teólogo he trabajado para que los fieles puedan mantener la esperanza en nuestra Iglesia a pesar de las grandes desilusiones.

Ahora, por supuesto, depende de vosotros el fortalecer las esperanzas de los fieles y sacar a la Iglesia de la crisis de esperanza, eligiendo a un nuevo Papa. Hay muchísimas personas, dentro y fuera de la Iglesia, que esperan que se supere la paralización de las reformas, que se discutan abiertamente los problemas estructurales que se sufren desde hace mucho tiempo, y que -bien el nuevo Papa en persona, el Sínodo Episcopal o finalmente un Concilio Vaticano III- encuentren una solución.”

¿Era mucho pedirle a una Iglesia, con más de mil millones de fieles, que fuese dirigida por alguien que tuviera el coraje y la visión de resolver positivamente estos dilemas?

A lo menos, el solo enunciado de los problemas hecho por Küng muestra la magnitud de la tarea y explica cierto escepticismo ambiental que se respiró en los días previos a la elección del nuevo Pontífice. Pareciera que pueden venir días muy amargos para la Iglesia Católica y, por su gravitación, para todo el mundo.

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NOTAS AL PIE:


(1) Con Küng ha sucedido algo que retrata la superficialidad con que se manejan algunos medios. Ansiosos por echar leña a la hoguera, ciertas publicaciones sacaron a la luz un escrito de Küng de hace dos años, presentándolo como redactado apenas fallecido Juan Pablo II. El único escrito producido de verdad después de dicho acontecimiento ha sido una carta a los cardenales que van a entrar al cónclave a elegir al nuevo Papa. Es este documento el que usaremos aquí. El primero era una crítica al pontificado de Juan Pablo II al cumplir 25 años de existencia. El segundo, en cambio, mira al futuro de la Iglesia y, sin desmentir al primero, va mucho más allá, mostrando a un teólogo que, sin perjuicio de sus discrepancias con la Jerarquía, ama a su Iglesia y quiere su bien.
(2) Küng, criticado y alabado en todo el mundo, no deja indiferente a nadie. Con 77 años ha producido obras que alcanzan dimensiones monumentales. He leído por ahí calificaciones nada cristianas, como “bandido y hereje”, dichas en su contra. No es este un camino adecuado, pues tiene un corte inquisitorial inaceptable en cualquier caso, pero mucho más frente a quien siempre razona y explica lo que afirma.

Tuesday, October 25, 2005

LA NECESIDAD DE UNA RENOVACIÓN IDEOLÓGICA Y POLÍTICA MUNDIAL

Informe N. 502 de www.asuntospublicos.org
14/10/2005
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En 1990, o sea, hace 15 años, el teólogo Hans Küng citaba un informe de ese mismo año que describía la situación del mundo de la siguiente forma:

* Cada minuto gastan los países del mundo 1,8 millones de dólares en armamento militar.

* Cada hora mueren 1.500 niños de hambre o de enfermedades causadas por el hambre.

* Cada día se extingue una especie de animales o de plantas.

* Cada semana de los años 80, exceptuando el tiempo de la Segunda Guerra Mundial, han sido detenidos, torturados asesinados, obligados a exilarse, o bien oprimidos de las más variadas formas por regímenes represivos, más hombres que en cualquier otra época de la historia.

* Cada mes el sistema económico mundial añade 75.000 millones de dólares a la deuda del billón y medio de dólares que ya está gravando de un modo intolerable a los pueblos del Tercer Mundo.

* Cada año se destruye para siempre una superficie de bosque tropical, equivalente a las tres cuartas partes del territorio de Corea.


De Mal en Peor

La pregunta que surge ante un cuadro semejante de la realidad existente 15 años atrás es si las cosas han mejorado o empeorado. Por desgracia, es casi seguro de que en ningún rubro hay avances positivos. Más bien, en todos estos aspectos los males descritos parecen haber aumentado.

¿Es viable el mundo, si no se detienen estos procesos, y muchos otros de naturaleza semejante? No. No lo es. Por esta vía la especie humana está condenada. Las generaciones jóvenes y las que siguen llegando se están encontrando con una verdadera bancarrota planetaria. Los últimos desastres naturales sugieren o subrayan esto mismo.

Los chilenos tendemos a no ver esta realidad, encerrados como estamos en una especie de isla que hasta hoy, a pesar de los progresos en el transporte y en todo tipo de comunicaciones, sigue existiendo y condicionando nuestra manera de pensar y nuestra forma de ver el mundo.


¿Cómo Encontrar un Camino?

Será necesario reflexionar más sobre esta situación y ver si existe algún modo de revertir estas tendencias negativas; preguntarnos si hay un camino que saque a la humanidad del atolladero en que está. Esto obliga a establecer algunas premisas previas, que den sustento y perfil a lo que se busca. Veamos:

El llamado "pensamiento único", cristalizado en el "Consenso de Washington" y que hoy es denunciado bajo el nombre de "neoliberalismo" no es la solución. Está fracasando todos los días.

No obstante, cualquier construcción futura debe partir del mundo que ese pensamiento configuró, pues es a partir de su herencia que se construirán las nuevas soluciones y se harán las correcciones correspondientes. No hay marcha atrás en la evolución política y social.

Lo anterior obliga a respetar aquellos aspectos positivos que el pensamiento fracasado deja, pues, a pesar de ello, acertó en algunas críticas a lo que había antes (macrocefalia del Estado, con simultánea minusvaloración de la empresa privada, y descuido en el manejo global de las finanzas, por ejemplo).

En suma, en el fondo se trata de construir sobre todo lo positivo que encontremos, eliminando, sin violencia (¡que sólo agravaría las cosas!), lo negativo, lo que objetivamente sea un obstáculo al desarrollo humano.


A Reformar el “Consenso”

Este sólo esquema da una idea del trabajo a realizar. Hay que comenzar por un estudio cuidadoso y crítico de los puntos fundamentales del mencionado "consenso", con el fin de discernir lo positivo de lo negativo y, también, sus muchas carencias.

Adelantemos algo. Citaré una enumeración de los postulados del "consenso". Ellos serían:

1) Establecer una firme disciplina presupuestaria o fiscal.

2) Cambiar las prioridades del gasto público, pasando de áreas menos productivas a educación, salud e infraestructura.

3) Llevar a cabo una reforma fiscal estableciendo bases imponibles más amplias (más contribuyentes) y tipos marginales moderados (menos exentos).

4) Liberalización financiera, especialmente mediante el establecimiento de tasas de interés positivas determinadas por el mercado.

5) Búsqueda y mantenimiento de tipos de cambio competitivos (de preferencia una política de cambio absolutamente libre).

6) Desarrollar políticas de liberalización comercial.

7) Mayor apertura a la entrada de inversiones extranjeras directas.

8) Privatización de empresas públicas.

9) Llevar a cabo una profunda desregulación (o disminuir al máximo la intervención del Estado en la marcha de la economía nacional).

10) Garantizar la protección de la propiedad privada.(1)


El Macrofenómeno de la Globalización

Hay otras exposiciones al respecto y hasta enumeraciones distintas, pero creo que esta da una idea de lo que se trata. Hay principios impecables, como el de la disciplina fiscal o el de la priorización del gasto público en educación y salud, al lado de otros muy cuestionables, en los que ronda como fantasma un claro fundamentalismo de mercado. Pero este esquema es el que se ha aplicado y se aplica en el mundo y, en medida importante, en Chile, y sobre él hay que hacer el balance de lo positivo y negativo.
Un estudio paralelo tiene que profundizar el fenómeno de la globalización, que, por estar dominado básicamente por el pensamiento neoliberal, se tiende a creer que ambos son inseparables e idénticos. Eso es un error. La globalización es un macrofenómeno, como lo fue la revolución industrial. En su seno se dan y se seguirán dando luchas ideológicas por dominarlo y organizarlo.


Mirada Histórica de Conjunto

Ahora hay que bosquejar otro aspecto fundamental a tener en cuenta, a saber, la mirada histórica de conjunto que es necesario dar para tratar de entender la naturaleza profunda de lo que sucede hoy. Recurriré a ideas propias desarrolladas en diversos momentos y que sigo considerando válidas.

Hablábamos del "Consenso de Washington de 1989", que define en cierta forma los elementos esenciales del también llamado "pensamiento único" o, más popularmente, "neoliberalismo".

Es bueno aclarar, como dice Luis Dallanegra Pedraza, que "el denominado ‘consenso’ en realidad, fue un documento adoptado a partir de una reunión realizada en Washington en 1989, entre académicos y economistas norteamericanos, funcionarios de gobierno de ese país y funcionarios del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional." O sea "no fue un consenso de la ‘comunidad internacional’ en un debate amplio sobre las necesidades y las opciones del mundo hacia el Siglo XXI."

El mismo autor opina que el famoso listado encarna "10 instrumentos de política para llevar adelante el objetivo de un sistema capitalista mundial basado en la libertad del mercado para operar, donde predominan los más ‘aptos’, en una especie de ‘darwinismo social’, donde la vida social se concibe gobernada por las leyes de la competencia y del conflicto, llevando a una selección natural de la supervivencia del más apto y a la eliminación del más débil."

Se puede compartir o no este juicio, que muestra, en todo caso, el lugar de los pobres ("débiles" ¡a eliminar!), pero lo cierto es que el mencionado consenso no nació de la nada, sino que vino a cristalizar o precisar ideas que venían siendo trabajadas desde hacía mucho tiempo.

Aunque el hecho es conocido, ha quedado como perdida en el pasado la acción de Friedrich von Hayek al fundar la Sociedad Mont Pelerin en 1947. Este autor alemán y la mencionada Sociedad diseñaron en la década de los 40 del siglo XX los principios llamados hoy "neoliberales". Este dato es importante: el pensamiento neoliberal no nace con la caída del Muro de Berlín en 1989. Tampoco es hijo de la globalización. Es un hijo algo tardío de la era industrial y del debate entre las diversas ideologías que trataban de dominarla y organizarla. Y esto nos lleva precisamente a tratar de ver lo sucedido en ese período, antecedente inmediato y directo del período en que estamos ahora.

Diremos ahora sólo lo esencial: las ideologías que conocimos en los años 30 a 70 del siglo pasado se formularon con la pretensión de organizar la sociedad industrial. Hoy han ido perdiendo vigencia en la forma en que fueron formuladas, porque la realidad de dicha sociedad ha ido cambiando cada vez más aceleradamente. Ahora lo que tenemos por delante cada día más es una emergente Sociedad de la Información y del Conocimiento en un mundo globalizado. Para esta realidad aún no existen respuestas claras y por eso, en parte, se sigue recurriendo a las viejas herramientas ideológicas.


Las Propuestas del Futuro

Para los efectos prácticos, entonces, ya no estamos en la sociedad industrial. Rasgos de ese mundo seguirán siempre presentes, como quedan rasgos de la sociedad agrícola también, pero aspectos esenciales suyos, como las fábricas llenas de obreros no calificados y mal pagados que conformaban ese proletariado que Marx veía como la clase portadora de las esperanzas de la humanidad, están en vías de extinción. El progreso tecnológico, al continuar adelante, ha creado también procesos productivos cada vez más automatizados y robotizados, reemplazando progresivamente esa vieja mano de obra por máquinas manejadas por unos pocos expertos.

Esto explica la pérdida de peso real en la vida política de aquellas fuerzas que se quedaron con el discurso antiguo y no se dieron el trabajo de mirar la realidad tal cual se les presentaba. Hoy no salen de una condición muy minoritaria.

Lo dicho nos ofrece una pista importante: no hay todavía respuestas definidas y con perfiles propios al macrofenómeno de la globalización.

En 1985, o sea, hace veinte años, Michail Gorbachov asumió el mando supremo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS. Con gran audacia, hizo un intento de "salvar" el socialismo existente mediante la aplicación de dos ideas-fuerza, de las que debían desprenderse enormes consecuencias: 1) la "perestroika", o reforma de la economía y del Estado, y 2) la "glasnost", o transparencia, o también apertura y democratización. Todos sabemos lo sucedido.


Una Respuesta Inútil

Era demasiado tarde. La realidad de fondo ya era otra en el mundo. El socialismo realmente existente había sido creado para una situación que estaba siendo superada en el mundo desarrollado e, incluso, en algunas partes no desarrolladas, pero emergentes. Más que fracasada, entonces, la respuesta soviética estaba superada, por totalitaria y por haber desaparecido la sociedad para la que había sido pensada y desarrollada.

En 1989 se produjo la caída del Muro de Berlín y el colapso de los regímenes comunistas de Europa del Este. En Estados Unidos numerosos dirigentes cantaron victoria, pues se creyeron triunfantes absolutos, llegando a proclamar el propio "fin de la Historia" (Francis Fukuyama). El mundo había resuelto sus contradicciones y un solo sistema había triunfado ¡para siempre!

Personalmente, nunca vimos las cosas así. Habíamos seguido muy de cerca los procesos europeos y mundiales y pensábamos que los sistemas totalitarios habían dejado de ser viables ante los "forados" abiertos por el avance de las tecnologías comunicacionales. Desde mi llegada a Alemania en 1973 y mis reiteradas visitas al Este de Berlín, creí que el régimen allí instalado se desplomaría. No tenían cómo atajar los vientos de libertad que se filtraban por una frontera física que ya no servía. Pero tampoco creí en una victoria absoluta norteamericana. Lo sería por un momento, quizá, pero su camino no me parecía capaz de asegurarle bienestar a su propia población y menos al resto del mundo.

Me atrevo a decir que desde 1990 hasta ahora estamos todos reconcursando, puesto que andamos buscando las respuestas para la nueva realidad, que ya no pueden ser las mismas de antes. Esto explica, en parte, los debilitamientos espirituales, los desalientos y hasta los desplomes sufridos por prácticamente todas las fuerzas políticas contemporáneas, generando inseguridad en sus adherentes.

Nos deberemos internar, en un siguiente artículo, en el espinoso panorama político chileno. Tener como telón de fondo lo que hemos reseñado me parece fundamental.
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NOTA AL PIE:
(1) Este punteo, completado con otras fuentes, está tomado de: DELLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Consenso de Washington de 1989, http://www.geocities.com/luisdallanegra/Amlat/conswash.htm)

Thursday, October 20, 2005

DERECHO DE LAS PERSONAS

02/02/2005
(Informe N. 448 de www.asuntospublicos.org) (1)
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Consideraciones Históricas Previas

Hay, para comenzar, una dimensión histórica que no podemos eludir. En efecto, hablamos sobre el derecho de las personas en un momento crucial, en un país concreto, que ha vivido una experiencia traumática en el pasado reciente y que sigue haciendo su catarsis para ahuyentar, por decirlo de alguna manera, los malos espíritus, y dar un salto positivo hacia adelante en su desarrollo integral como nación. Se trata de un país, por lo demás, al que le está yendo bien en otros aspectos y que, pese a ello, tiene estas heridas todavía abiertas. No es, por lo tanto, un tema menor y nadie sabe cuándo quedará resuelto definitivamente.

¿Quizás nunca?

No lo sabemos, pero, habiendo conocido muy de cerca la experiencia alemana y europea, puedo vaticinar que en este asunto hay a lo menos para largo. Podrá agotarse hasta el último recurso jurídico, pero quedará siempre un vasto campo para las diversas formas de cine, de literatura, de trabajo histórico y debate académico. Creo que el país no encontrará descanso en esto hasta que sienta en lo profundo que el “nunca más” que busca sea verdaderamente eso: nunca más. Y para esto se necesitará seguramente el paso de varias generaciones por el escenario.

Existe también una reflexión, aparentemente formal, relativa al título de este artículo, que puede arrojar igualmente luz sobre el fondo o contenido mismo de este tema. Sus puntos principales son:

Primero: Se quiere, evidentemente, ir más allá de la formulación tradicional de “los derechos humanos”. Incluyéndolos, por cierto, busca avanzar en la reflexión a fases necesarias de mayor desarrollo.

Segundo: Considerando que las personas son seres humanos con derechos propios de su condición de tal, este título da como sabido y aceptado que la sustancia, alma y corazón de una democracia auténtica es el respeto a los derechos humanos.

Tercero: Aquí se trata de reflexionar, entonces, sobre el derecho o normativa que pueda asegurar ese respeto, conscientes de que no basta la proclamación de un derecho. Para asegurar su respeto se requiere, a lo menos, de dos cosas: 1) una institucionalidad jurídica que, inmediatamente después de definir cada derecho, establezca los mecanismos para garantizar su ejercicio práctico y, también, 2) una cultura especial, centrada en la vida y el respeto a la dignidad de las personas, que esté ampliamente difundida y encarnada.

Cuarto: En suma, como deberemos hablar de un derecho que garantice la existencia y práctica de los derechos humanos, --¡y de todos los derechos humanos!--, aquí comenzarán, sin duda, los problemas, porque podría hoy parecernos casi fácil hacer esto con los derechos políticos, mientras no nos resultará igual esta tarea respecto de los derechos económicos, sociales y culturales.


La Democracia y el Derecho de las Personas

Dante Caputo, ex canciller argentino, afirmó hace poco en un informe del PNUD titulado “La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos”, que en esta parte del mundo “no hay malestar con la democracia, pero hay malestar en la democracia”(2). Esta precisión es iluminadora, porque permite sugerir que el derecho de las personas no está suficientemente garantizado en nuestro continente y que esta podría ser la causa principal de la existencia de dicho malestar. De esta manera, no se estaría hoy objetando la idea de la democracia, sino la insuficiente práctica de la misma.

Una sospecha a investigar en el caso chileno tendrá que ser, en este contexto, la que se expresa aquí: hay derechos de las personas que pueden estar muy bien formulados y proclamados, pero tal vez no suficientemente garantizados o protegidos.

Al respecto contaré una experiencia personal. Me correspondió, poco después de 1980, participar en un proyecto en el cual expertos europeos analizaron la nueva constitución chilena que había sido sometida a plebiscito hacía poco e iba a entrar en vigencia en breve lapso. Recuerdo claramente la conclusión de un trabajo respecto al tema que estamos tratando: los derechos humanos aparecen mejor definidos en la nueva Carta Fundamental que en la Constitución de 1925, con más amplitud y detalles, pero, en los mecanismos para resguardarlos, la de 1980 se debilita claramente. No es el momento de abundar respecto de los motivos por lo que esto sucedió. Sólo quiero afirmar que este es un punto a revisar a fondo en la actualidad, pues debe estar en la base de una mejoría en este campo y del esfuerzo por hacer retroceder el “malestar en la democracia” de que hablaba Caputo y que, sin duda, existe también en vastos sectores de nuestro país.


Los Derechos Políticos y Económico-Sociales en Chile

Chile es un país donde se debate y cuestiona permanentemente el sistema político que tenemos. Es algo que recorre toda su historia. La lucha por establecer y ampliar constantemente los derechos políticos de los ciudadanos constituye un capítulo que habrá atravesado pronto doscientos años completos. El siglo XIX fue poco a poco abriéndole camino a los mismos, en medio de batallas políticas que, a veces, llegaron hasta el estallido de graves guerras civiles. Recordemos 1851, 1859, 1891...

En el siglo XX la llamada “cuestión social” agregó un ingrediente más al debate y, a ratos, llegó a opacar la lucha por los derechos políticos, poniendo sobre el tapete el crucial tema de los derechos sociales y económicos de las personas. Pese a ello, en el terreno de los derechos políticos siguieron sucediendo cosas importantes. Así, la participación ciudadana en los procesos electorales fue creciendo, hasta llegar a acelerarse fuertemente con la incorporación de la mujer al ejercicio del sufragio y con la gran reforma de 1958 que introdujo la cédula única, que prácticamente acabó con la práctica distorsionante del cohecho. El proceso no terminó ahí, pues más adelante se amplió el derecho de sufragio a los jóvenes que cumplieran 18 años y también a los analfabetos.

Hoy, en este momento, se debaten reformas constitucionales y políticas, por un lado, y, por el otro, se analiza la situación como lo estamos haciendo aquí, o como se hace a través del debate elevado y reposado en encuentros y seminarios académicos. Se va creando, así, una “matriz de opinión” favorable al perfeccionamiento de los mecanismos democráticos, entre los cuales figuran –y figurarán siempre—los que procuran proteger el derecho de las personas.


Desarrollo Humano y Derecho de las Personas: el Informe del PNUD

Hace unas semanas el PNUD presentó en Santiago su quinto informe sobre desarrollo humano en Chile. Sus conclusiones corroboran la necesidad de ese esfuerzo y se relacionan, aunque no se exprese, con el tema que estamos tratando. Quiero mencionar algunos puntos clave de ese informe.

Su conclusión principal ya habla por sí sola: “Para aprovechar las nuevas oportunidades de Chile se requiere más poder para todos”, dice. ¡Más poder para todos...! Esto plantea un tema de distribución y participación.

El Informe revela también que una mayoría de los chilenos piensa que el país es más poderoso que antes y quiere participar personal y colectivamente de las nuevas oportunidades.

En esta quinta versión, el Informe sigue tomándole el pulso a la opinión pública y abriendo debate sobre los desafíos más urgentes que pueden permitir a la gente vivir una vida mejor, más plena y creativa. Esto sólo puede conseguirse en la medida en que los derechos económicos, sociales y culturales de las personas no queden en letra muerta.

El Informe del PNUD puede ayudar a esto al tomar la óptica del poder en toda su amplitud, desde las relaciones ciudadano-gobierno hasta las relaciones familiares y de pareja, pasando por las relaciones laborales, de los distintos grupos de poder político y económico, y de las instituciones que promueven o coartan las posibilidades de la gente. Desde la óptica del Informe, el poder no es una lucha en la que unos ganan lo que inevitablemente pierden los otros. Se puede crear socialmente y puede aumentar para todos.

Las opiniones recogidas en el informe corroboran que el país está preparado para hablar sobre el poder. La encuesta del PNUD da cuenta de que los chilenos tienen hoy una mayor capacidad para procesar los conflictos propios de toda sociedad: un 42% opina que hay que dejar que se muestren los conflictos, frente a un 28 por ciento que mantenía la misma opinión en 2001. Esto remite a la experiencia de los últimos años, donde el país ha sido capaz de procesar con éxito diversas situaciones que han tensionado el debate público reconociendo las oportunidades latentes en esas crisis.

“Hoy se instalan relaciones más horizontales, especialmente en los ámbitos de la familia, el consumo y el trabajo”, dice el informe. Una transformación importante se percibe en el acceso de las mujeres al poder. Los hombres, por su parte, resienten este acceso, pero no logran elaborar un discurso propio sobre la situación.


Los Obstáculos que Persisten

Eugenio Ortega, coordinador del informe, señala: “Esta voluntad de acción libre, reflexiva e innovadora – propia de un Chile que se moderniza y tiene ganas de ser más – requiere que se remuevan los obstáculos culturales e institucionales que le impone una distribución muy desigual del poder. Hoy las personas quieren ser más y mejores y para ello quieren ser protagonistas de los proyectos personales y colectivos en los que se involucran, no meros espectadores o beneficiarios”.

Digamos todavía que el Informe, que merece una atenta lectura, entra en el terreno de definir quiénes son los más poderosos en el país. En ese sentido señala que la elite no es un grupo homogéneo en términos valóricos, y que tampoco todos sus miembros comparten la misma mirada sobre los desafíos del país. Y aunque tiene una gran capacidad de establecer relaciones entre sus miembros, no pasa lo mismo con el resto de la sociedad. Más bien, debe enfrentar su tendencia de cerrarse sobre sí misma. Esto implica que para ser parte de la elite parecen tener todavía más peso las relaciones familiares y las influencias que las capacidades y la trayectoria personal.

Los medios de comunicación son los más poderosos de todos. Según los datos disponibles, esta opinión parece estar basada en la creciente capacidad de los medios de comunicación – especialmente, la televisión – para crear condiciones de mayor transparencia.

Después de los medios de comunicación, se ubican los ministerios del área económica y los grandes grupos económicos. En contraste, no habría una sociedad civil poderosa, lo que se refleja en que los sindicatos, los colegios profesionales y las ONG ocupan los últimos lugares de la medición del poder hecha, dicho sea de paso, a través de un nuevo instrumento creado y llamado “Poderómetro”.

Finalmente, el principal mensaje que deja el informe es resumido por su coordinador diciendo que “una sociedad no incrementará su desarrollo humano si sus miembros no están dotados, cada uno, de capacidades de acción. En Chile esto requiere reducir la desigualdad, que es una limitación de capacidades de acción que restringen las posibilidades de realizar las aspiraciones personales y colectivas”.


Volviendo al Concepto de Democracia

Lo dicho nos conduce de nuevo al concepto de democracia y a un punto muy sensible, el de la inclusión integral de los ciudadanos. Es cierto que a veces la multiplicidad de ángulos teóricos para analizar esta idea puede perdernos, pero hay que tratar de llegar a la esencia de la misma para poder avanzar en los esfuerzos por aplicarla mejor y recorrer un camino de su fortalecimiento y no de su destrucción.

Vuelvo a la rica historia política chilena. Recordemos octubre de 1969. Se produce un hecho grave: un general se acuartela en el Regimiento Tacna y le hace exigencias al gobierno. El hecho se soluciona sin su caída, pero hasta diciembre se producen situaciones puntuales peligrosas. Entonces habla el Comité Permanente del Episcopado chileno y al advertir que hay que defender la democracia se permite definirla como "participación amplia del pueblo en las tareas y bienes de la nación". Creo que si no hubiese pasado virtualmente inadvertida en ese momento y se la hubiese tomado en serio, el destino entero de Chile podría haber sido otro, desde luego menos traumático para todos.

Pero eso es especulación histórica y pasado. En este presente en que estamos, que es lo real que tenemos, detengámonos un poco en los elementos de esta definición.

Antes que nada, la democracia es “participación”, lo que el informe del PNUD que hemos citado muestra a los chilenos queriendo participar del mayor poder que hoy existe en la sociedad chilena como consecuencia de su desarrollo.

Pero no es una participación de unos pocos, sino que debe ser “amplia”, o sea, intrínsecamente inclusiva. La exclusión social, política, cultural y económica atenta contra la esencia de la convivencia democrática y, por ende, contra el derecho de las personas.

El sujeto de la democracia es el “pueblo”, o sea, todos los habitantes de un país y de una nación.

Lo interesante viene a continuación, en el contenido de la participación. La definición se refiere a “tareas y bienes de la nación” y esto merece comentarios.

En el primer lugar se coloca una referencia a “las tareas de la nación”. Esto habla de una responsabilidad que tienen todos los ciudadanos de construir la democracia día a día. Aquí se hace presente el poder político, que es, ante todo, una tarea, un servicio a la comunidad, para ordenar su funcionamiento e impedir los desequilibrios que se producen cuando la libertad se confunde con libertinaje y anarquía.

La participación en “los bienes de la nación” se coloca en segundo lugar, como señalando que su existencia depende del cumplimiento de determinadas tareas capaces de crearlos, de producirlos. Por eso, con “bienes” se señala todo lo que se produce en una sociedad, sea material o espiritual (cultural, religioso, etc.)

En suma, una definición rica en contenido y que apunta a elementos esenciales, cuya implementación da origen a una construcción formal que a veces confundimos con la democracia en sí. La institucionalidad que trata de hacer carne la idea democrática no es la democracia en sí misma, sino la forma que la sociedad establece para tratar de hacerla realidad.

Es casi seguro que en materia de una institucionalidad jurídica para asegurar el derecho de las personas falta mucho por hacer. No soy experto, pero creo que las carencias, que las hay, no son totales ni absolutas. Chile ha suscrito pactos internacionales que son leyes de la República. Hoy tenemos de nuevo un poder judicial que comienza a asumir su rol de garante del derecho de las personas. Antiguas impunidades comienzan a retroceder.


Qué es lo que Falta

Tal vez el punto más neurálgico esté en el ámbito de la cultura general del país. Es en la cabeza de cada cual donde descansa, en definitiva, el destino del derecho de las personas. Es la actitud que nace de lo que tenemos en la cabeza la que termina protegiendo o desprotegiendo ese derecho. Es en una decisión de la voluntad para ejercer nuestros derechos donde radica su posibilidad de hacerlo efectivo. Subrayo esto, porque el abuso se perfecciona con demasiada frecuencia con la cooperación del abusado. La víctima, cuando no es eliminada o atacada sorpresivamente y sin posibilidad alguna de reacción, suele cooperar con su asentimiento, con su silencio, con su falta de resistencia, a que el mal que se le está haciendo termine por realizarse.

Por esta razón es tan importante la idea de ciudadanía, de pertenencia a una comunidad en la que tomamos activamente parte. Somos responsables de lo que sucede.

Esto nos lleva a una observación final. No tengo duda alguna de que los tiempos que estamos viviendo en Chile son propicios para avanzar en el desarrollo del derecho de las personas. Hay una conciencia más despierta de la dignidad humana de todos, que favorecerá los esfuerzos que se hagan por establecer un sistema político-jurídico que resguarde más eficazmente los derechos de la persona. Pero no hay que hacerse ilusiones ni cantar victoria antes de tiempo. Queda un largo trecho por delante en la lucha por mejorar la calidad de la democracia.

Por eso, dicho todo esto, comprobamos que estamos ante una tarea infinita. A participar en ella estamos permanentemente invitados y desafiados. La respuesta está en nosotros mismos.

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NOTA AL PIE:

(1) Este informe ha sido elaborado sobre la base de la exposición hecha por el autor en el Seminario Internacional sobre “Calidad de la Democracia” realizado en Viña del Mar el 28 y 29 de enero de 2005 y auspiciado por la Municipalidad de Viña del Mar, la Universidad Autónoma del Sur, la Universidad de Viña del Mar y la Embajada del Reino Unido.
(2) Cf. PNUD: La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos, p.19

Saturday, October 15, 2005

DISCURSO DE APERTURA DE ETAPA PREPARATORIA DE LA XXIX REUNIÓN ORDINARIA DEL CONSEJO LATINOAMERICANO

Caracas, 24 de noviembre de 2003

Señoras y Señores representantes:

Esta es la última vez que intervengo para inaugurar esta fase técnica del Consejo Latinoamericano. Para mí, es hora de balances y conclusiones, surgidos de una experiencia de cuatro años a cargo de este organismo multilateral. Para ustedes, hora de decisiones sobre el futuro del SELA, comenzando por la elección de mi sucesora o sucesor.

En lo que me corresponde, creo que todos podrán estar de acuerdo conmigo si parto diciéndoles que estos años no fueron fáciles, tanto para el SELA, como para la realidad que refleja, esto es, la totalidad de la vida de ALC.

Comenzaré por destacar la condicionante influencia de la política en la economía. Hubo en numerosos países de la región cambios democráticos normales, con sendas elecciones presidenciales y parlamentarias. Pero, también, hubo tensiones tan graves, que precipitaron algunas caídas sonadas, que, por fortuna, tuvieron siempre salidas democráticas. No deja de ser notable este hecho para un continente que, durante toda su historia anterior, nunca vivió con tantos sistemas democráticos funcionando simultáneamente como ahora.


Pero no nos engañemos. Falta mucho todavía para que podamos hablar de una región políticamente consolidada en la democracia, entendida como la participación amplia del pueblo en las tareas y los bienes de la nación, o como genuina forma política, representativa y participativa, de los pueblos. Hay diferencias en la misma manera de entender este sistema y prácticas muy diversas y no siempre claras. Queda mucho por hacer.

En la economía estos años fueron complicados. En efecto, prácticamente a partir de 1998, las economías de ALC han mostrado un desempeño errático de sus principales indicadores económicos. Dos de ellos tienen importantes repercusiones: el producto interno bruto o PIB, y el producto interno bruto per cápita (PIB/pc). El primero evidencia un alicaído crecimiento de la producción total de tan solo 0.9% como promedio anual, mientras el segundo muestra una contracción de -0.5%. Estos valores han permitido hablar de "media década perdida". Podría profundizar más, pero lo dicho basta para apoyar la sensación de haber atravesado por grandes dificultades en este período.

Pasando al SELA debo comenzar por señalar algunos logros generales en su funcionamiento. Veo cuatro realidades dignas de destacar:

La primera estuvo en la infraestructura. Haber logrado recuperar la sede, mediante su reconstrucción total en tiempo record de seis meses, constituyó un hecho mayor, que contribuyó a mejorar rápidamente la calidad del trabajo de la Secretaría. Su personal y todos los Estados Miembros del SELA han contraído una deuda de gratitud con el Gobierno de Venezuela y, en especial, con su Presidente, que tomó la decisión en el momento en que tuve la oportunidad de plantearle el problema que se había creado con el devastador incendio de su sede. La entrevista tuvo lugar el 8 de febrero de 2001 en la Casona. La resolución fue instantánea y los exigentes plazos que en ese mismo momento se fijaron fueron escrupulosamente cumplidos. La sede reconstruida, en la que estamos ahora, fue reinaugurada por el Presidente Chávez el 24 de julio de 2001 en acto solemne.

La segunda realidad a destacar está en la renovación del equipo internacional. Creo que pasamos de uno muy bueno, pero que estaba completando sus respectivos períodos y no podía seguir, a otro excelente que me acompañó en forma óptima durante parte de mi mandato y que, con total solvencia profesional, podrá secundar de la misma forma a mi sucesora o sucesor.

La tercera estuvo en una dimensión que me atrevo a calificar de espiritual y de clave para la marcha de estos cuatro años. Me refiero a una cierta mística de trabajo que llevó al personal, en general, a hacer sacrificios de todo tipo con tal de asegurar que la Secretaría siguiera funcionando inclusive en momentos en que debiera haber paralizado sus tareas por falta de recursos. Le rindo el más emocionado de los homenajes a todos los que participaron en este esfuerzo. La región entera puede enorgullecerse de este equipo que trabaja por abrirle mejores horizontes a todo el conjunto. No se cuenta todos los días con un activo humano de esta calidad.

La cuarta realidad se encuentra en la presencia pública. El SELA se hizo presente, en medio de sus dificultades, en numerosos foros a los que fue invitado. Creo, sin falsa modestia, que los pocos que llevamos la voz del SELA fuera de su sede, lo colocamos en un nivel que siempre recibió reconocimientos múltiples, por la calidad de sus presentaciones, el acierto de sus pronósticos, el profesionalismo en la organización de eventos y en las asesorías solicitadas. La presencia también creció cuando hicimos esfuerzos, en algunos casos muy exitosos, para convencer al mundo académico de la necesidad de hacer un esfuerzo creciente y sistemático para "pensar la integración". No menos importante fue la presencia del SELA a través de INTERNET. Su página web, que fue sustancialmente perfeccionada, ha aumentado constantemente el número de sus usuarios. El listado de receptores de correo electrónico diario con informaciones relevantes de la región crece permanentemente.

Pasando ahora a las reestructuraciones, sucede que al hacerme cargo del SELA estaba vigente la acordada en 1998, en la que había tomado parte como Embajador de Chile en Venezuela y ahora, cuando dejo el cargo, existe un nuevo proceso reestructurador en marcha.

Respecto al proceso que culminaba con mi nombramiento, el mismo quedó inconcluso. El componente de la reducción de una parte del personal no se logró totalmente debido a la falta de recursos. Pienso también que debió esperarse un tiempo mayor para evaluarlo, porque tener a un organismo sometido a sucesivos y continuos esfuerzos de esta naturaleza puede matarlo en medio del camino, más todavía cuando quienes acuerdan las medidas son los primeros en no cumplirlas al no proporcionar los recursos que se necesitan.

En cuanto al segundo y actual proceso reestructurador, algunas medidas de este Secretario que se va, lograron avanzar un poco, pero, otra vez, están en parte paralizadas a la espera de los recursos.

Refiriéndome ahora al Programa de Trabajo vale la pena destacar que, a pesar de muchas de las limitaciones señaladas ha existido un alto porcentaje de cumplimiento del mismo. Incluso logramos este año producir y publicar, conjuntamente con la Universidad Autónoma de México, tres libros sobre comercio y desarrollo, seguimiento de la Cumbre de Doha y un análisis sobre el ALCA. No debe sacarse de aquí la liviana conclusión de que el SELA podría funcionar entonces con un presupuesto aún menor que el actual, pues, a lo menos en parte, este resultado se funda en ciertos aportes extra-presupuestarios provenientes de instituciones que cooperan con el SELA. El caso más notable, que me acompañó durante todo el período, se lo debemos a España y a muchos países que participan en el proyecto llamado IBERPYME, que están pagando cuotas para el funcionamiento del mismo.

En este breve recuento de aspectos importantes, deseo todavía hacer mención a algunos puntos que tienen incidencia en el trabajo del SELA y que ponen de relieve el lugar que ocupa y puede ocupar en el desarrollo de la región.

Las Secretarías Pro Témpore de las Cumbres Iberoamericanas le han pedido al SELA su cooperación. Las dos últimas experiencias a este respecto se tuvieron cuando dichas tareas estuvieron en manos de República Dominicana en 2002 y Bolivia en 2003.

La Secretaría Pro Témpore del Grupo de Río, en manos de Perú durante el presente año, le pidió al SELA su cooperación. Aparte de firmarse un Memorando de Entendimiento entre ambas instancias, se realizó todo lo solicitado, incluyendo un mandato presidencial de hacerle seguimiento a sus acuerdos, que también fue extendido a la CEPAL y ALADI.

El SELA aceptó también cooperar con el G-77, realizando en su sede una reunión de los países latinoamericanos que participan en él. Allí también se acordaron mandatos con petición al SELA de hacerle seguimiento.

El SELA consolidó su condición de punto focal de la cooperación regional. Esto quedó particularmente de manifiesto en las Reuniones Ordinarias, la XV y la XVI, de Directores de Cooperación de ALC, realizadas en Montevideo en 2002 y en Panamá en 2003 respectivamente.

El SELA organizó en marzo de 2001, con apoyo del Banco Mundial y la CAF, un importantísimo Taller sobre el tema agrario y la OMC, que le permitió a los presentes, en su mayoría responsables del tema en sus países, intercambiar experiencias y puntos de vista con miras a enfrentar este asunto dentro de un marco de entendimiento y coordinación entre los países de nuestra región.

Al cumplir nuestro organismo 25 años de existencia se realizó un panel con presencia de sus ex Secretarios Permanentes. Sus intervenciones tienen la mayor de las vigencias, porque ilustran de modo elocuente el potencial, mal utilizado hasta ahora por los Estados Miembros, que tiene el SELA.

En un Taller que organizamos para reflexionar sobre la región y el papel del SELA en 2001, al final del mismo, un participante, que ha sido dos veces Vice-Ministro de Relaciones Exteriores de su país señaló: "Si nuestros Ministros de Relaciones Exteriores hubiesen estado aquí presentes escuchando atentamente el debate que hemos tenido, habrían decidido sin vacilar potenciar al SELA en vez de debilitarlo, como se ha estado haciendo desde hace varios años."

La última mención me conduce a la reflexión final. El SELA no fue una creación caprichosa de la región. Obedecía a una necesidad que persiste: la de tener un foro propio, económico ciertamente, pero con sus dimensiones políticas siempre presentes, donde la región como tal pudiese pensarse a sí misma, coordinarse a sí misma y construir paso a paso su indiscutible identidad. La señal que se ha estado dando después con el debilitamiento del SELA es mala -¡¡muy, pero muy mala!!- para la región. Mi llamado, al terminar el mandato que todos los Estados Miembros, sin excepción, me dieron por aclamación, es a detener este pésimo curso de acción y a devolverle al SELA su fuerza original. Este llamado arranca de una sabiduría popular sencilla, pero profunda, que expresara, en versos inolvidables, el gaucho Martín Fierro:

"Los hermanos sean unidos,
porque esa es la ley primera.
Tengan unión verdadera
en cualquier tiempo que sea.
Porque, si entre ellos pelean,
se los comen los de ajuera."

Esto ya lo habían dicho los mayas en el Popol-Vuh cuando afirmaron:

"Que se llame a todos
que vengan todos
que no se quede ni uno ni dos de nosotros
atrás de los demás."

¿Nos dejaremos comer por los de afuera? ¿Dejaremos a algunos detrás de los demás? Espero, de todo corazón, que no sea así y que tengamos la sabiduría, el coraje y la decisión de permanecer unidos y de utilizar un instrumento ya probado, el SELA, como el germen de la unión grande que venimos predicando desde los días de la Independencia.

Muchas gracias

Thursday, October 13, 2005

CONDECORACION FRANCISCO DE MIRANDA

Discurso al recibir la Condecoración "Orden Francisco de Miranda" en su Primera Clase, otorgada por el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela (Caracas, 10 de diciembre de de 2003).


Sr. Ministro, amigo Roy Chaderton,Señoras y señores embajadores,Amigas y amigos muy queridos del Ministerio de Relaciones Exteriores,Señoras, señores,Amigos todos:
Para mí es un grandísimo honor participar en este acto y recibir la Condecoración "Orden Francisco de Miranda" en su primera clase, en la compañía de todos ustedes. Ella viene a unirse a la Condecoración "Orden El Libertador" en su primera clase, recibida cuando terminaba mis funciones de embajador de Chile en Diciembre de 1999.Esta circunstancia, de verme vinculado solemnemente a dos figuras tan grandes de la historia universal y, en especial, de la historia latinoamericana y caribeña, me ha invitado, particularmente en estas horas, a reflexionar sobre aquello que puede atarme o conectarme con estos dos personajes. No me ha costado mucho encontrar una cierta respuesta, puesto que vengo de un país, Chile, que desde los albores de la Independencia desarrolló lazos definitivos e indestructibles con Venezuela. En efecto, precisamente los primeros en crear dichos vínculos fueron Francisco de Miranda, el gran precursor de todo ese vasto proceso y Simón Bolívar, el mayor de los ejecutores de la Independencia de América Latina y el promotor más consecuente de la integración latinoamericana y caribeña. Ambos se relacionaron con Bernardo O´Higgins, la figura más relevante de la Independencia de Chile. Sus contactos con Miranda se produjeron al finalizar el siglo XVIII. Con Bolívar se dieron por ese mismo tiempo, pero también después de Ayacucho, en Lima, estando el chileno ya exilado. Se agregaron después, de diversas maneras y en esta misma línea de hechos vinculantes, grandes figuras, como el chileno Cortés de Madariaga, que actuó desde un balcón que está a metros de distancia de este lugar donde estamos ahora, en los momentos decisivos del primer acto de independencia por parte de los venezolanos; o como Simón Rodríguez, el maestro del Libertador, que dejó huellas de su sabiduría, lamentablemente poco difundidas, en Chile, en las ciudades Concepción y Valparaíso (de paso, mi ciudad natal); o como el grandioso Andrés Bello, que contribuyó como pocos al desarrollo institucional y al establecimiento de un sólido Estado de Derecho en mi país, con efectos perdurables y vigentes hasta hoy. Después siguieron verdaderas oleadas de venezolanos y chilenos que fueron y vinieron en distintos momentos históricos, ya sea para aportar sus conocimientos o para encontrar "asilo contra la opresión", como reza el himno nacional chileno. Efectivamente, hubo venezolanos en Chile y chilenos -¡muchos chilenos!- en Venezuela, que fueron acogidos con afecto e incorporados a la vida normal de los respectivos países, dentro de un espíritu de ejemplar solidaridad.Así se tejió esta red de relaciones que vinculó para siempre a nuestros pueblos y que nada ni nadie puede destruir.Pero, como decía anteriormente, el momento fundacional se produjo en Londres, entre Bernardo O'Higgins y Francisco de Miranda. El futuro padre de la independencia chilena, de 21 años, había tomado clases por unos pocos meses con Miranda, que en ese momento tenía 46 años de edad. En ese breve lapso, el chileno fue empapándose del potente pensamiento del venezolano hasta el punto de prometerle, al despedirse, que dedicaría su vida a luchar por la independencia de su país y de América toda. Lo propio hizo en otro momento Bolívar ante su maestro Simón Rodríguez cuando estaban ambos en Italia. Los precursores hicieron bien su trabajo si juzgamos los resultados posteriores.Pero estos hechos y muchos más, que tuve ocasión de conocer aquí en Caracas gracias a la existencia de historiadores acuciosos que han dedicado su vida a clarificarlos, me mostraron no sólo el mencionado lazo indestructible entre Chile y Venezuela. También me acercaron a una idea por la que he tratado de luchar toda la vida. Me refiero a la integración latinoamericana y caribeña. Nuestros padres fundadores concibieron esa meta y ese ideal y, sobre todo, dieron pasos concretos en esa dirección. Francisco de Miranda influyó en jóvenes de distintas nacionalidades para una misma tarea: liberar a sus pueblos del dominio colonial y crear una América unida. Según José Luis Salcedo Bastardo "el Precursor dio ciertamente a Venezuela la Bandera, estampó su firma en el Acta de la Independencia e inspiró con su ideario la más bella estrofa del Himno Nacional: "Unida con lazos que el cielo formó la América toda existe en Nación". A su vez, Bolívar fue decisivo para lograr dichos fines en Venezuela, su patria natal, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, e intentó también la empresa mayor en 1824, al convocar el Congreso Anfictiónico en Panamá. O'Higgins ayudó desde el gobierno de Chile a enviar tropas a Perú al mando del argentino San Martín, después de haber liberado definitivamente Chile con su invalorable ayuda y la de innumerables argentinos. El chileno partió después al exilio a Perú y cuando vio lo que venía haciendo Bolívar le escribió para ofrecerse a luchar a su lado en las batallas finales que culminaron en Ayacucho. Aunque eso no se concretó, llegó, vestido de civil, a la gran celebración, encabezada por Bolívar, que se hizo en Lima. Ante la pregunta de este último de por qué venía vestido así, cuando era general y debía usar su uniforme, el chileno le contestó que el general O'Higgins había dejado de existir, pues la tarea por la que había llegado a ser hombre de armas había sido culminada por el gran venezolano. "Desde ahora soy y seré simplemente el ciudadano Bernardo O'Higgins", fue su afirmación categórica. Cumplió su palabra hasta su muerte.Son grandes ejemplos que inspiran ideas, cuya fuerza crece cada día más. Tuve la suerte de interiorizarme de ellas, de compartirlas y, en los últimos cuatro años, de intentar avanzar algo en su realización. Conocí al SELA en su versión primera, la CECLA, o Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana. Funcionaba con Secretarías Pro Tempore. Un día dejó de actuar y desapareció, aparentemente sin pena ni gloria, hasta que dos países, México y Venezuela, sacaron la lección y tomaron, entre 1974 y 1975, la iniciativa de proponerle a la región constituir una Secretaría Permanente, como pivote y germen de un verdadero "sistema económico latinoamericano". La idea, aceptada por todos, se tradujo en crear un instrumento más sólido y estable, que le sirviera a toda la región, sin excluir a nadie, para avanzar hacia la integración. Así nació el SELA.Ya hablé de mi experiencia en estos cuatro años en el último Consejo Latinoamericano. Creo que todos los presentes me escucharon. No necesito repetir lo que allí dije. Sin embargo, quiero hoy, invocando a Miranda, el primer hombre universal de América Latina, reiterar el llamado a no abandonar este proyecto. Hoy es más necesario que nunca, aunque algunos funcionarios por ahí, demasiado anclados en el mero día a día y de visión chata, pudieran querer verlo eliminado. Quiero reiterar mi llamado a las autoridades políticas, o sea, a quienes tienen la tarea de tomar las grandes decisiones y ordenar su ejecución, para que no claudiquen. La globalización añade hoy el argumento definitivo: este fenómeno, que llegó para quedarse, al revés de las visiones particulares que luchan para apropiarse de él y que siempre vienen y se van, necesita gobernabilidad a nivel planetario. La forma como se está enfrentando la inevitable inserción en ella puede variar, pero destaca, por su sensatez, la creación de grandes bloques de países, que se unen para no ser avasallados y para desarrollarse en forma más armónica y segura. Ahí está la Unión Europea, como el ejemplo más reciente, pero no debemos olvidar jamás que los Estados Unidos partieron como una Federación de 13 colonias y, vía un paciente y hasta doloroso esfuerzo de integración, llegaron a ser la primera potencia del mundo. América Latina y el Caribe han recorrido ya un cierto trecho, pero es imperativo que sus gobernantes no pierdan la gran orientación y hagan mucho más todavía. En la actualidad convergen el MERCOSUR con la Comunidad Andina y CARICOM con el Mercado Común Centroamericano. Esto es magnífico y hay que alentarlo. Pero no debe perderse de vista que la integración mayor es la meta hacia donde debemos ir y que para ello deben prepararse los caminos en forma anticipada. Ahí es donde entra, a mi juicio, el valor insustituible del SELA, que ya es un germen de la gran meta a alcanzar.En este contexto, veo esta condecoración como una distinción al SELA por encima de todo. Yo no trabajé solitariamente estos cuatro años. Tuve una cooperación estrecha de todo el personal. No podría colocar a unos delante de otros, pero sin Chabuca, Zulay, Giovanni, Gabriel, William, José, los dos Antonios, Telasco, Javier, Fernando, Katty, Nelson y, en general, todo el personal del SELA, más algunos que ya se fueron, pero que alcanzaron a trabajar conmigo por un tiempo, como Mayobre, Vacchino y Bayas, lo realizado no habría sido posible. La tarea ha sido comunitaria y el mérito es de todos.Pensamiento y acción se conjugaron en estos cuatro años para lograr algunas cosas. Desde luego, obtuvimos la recuperación de las instalaciones que habían sido destruidas en 1998 por un voraz incendio. Ello fue posible gracias a una decisión del Presidente Chávez, que el SELA y sus Estados Miembros reconocen, han reconocido y deberán reconocer siempre con agradecimiento, puesto que le permitió al organismo resucitar literalmente de las cenizas. A ese paso decisivo se unió el entusiasmo y la dedicación de los funcionarios, del arquitecto, de los trabajadores. Esta acción completa fue, en sí misma, una experiencia de integración y coordinación. El resultado ya todos lo conocen. Cuando inauguramos las reconstruidas instalaciones con el Presidente el día conmemorativo del nacimiento de Bolívar, el 24 de Julio de 2001, me permití transmitir una idea-fuerza: el SELA, pequeño y hasta muchas veces inaparente, era como David, el frágil pastor que derrotó a Goliat, el guerrero cargado de armas y con fama de matón imbatible. Contra todo pronóstico de derrota, al igual que David, el SELA triunfaría y derrotaría a los Goliats que le salen al camino. Fue una inspiración que me regaló una poetisa paraguaya a quien tuve después el privilegio de conocer personalmente. Simultáneamente a esta acción de recuperación de la sede, estuvo la tarea de darle más presencia al SELA de la que ya tenía. Eso motivó las gestiones múltiples ante Presidentes y Cancilleres en las diversas instancias en que ellos participaron. Gracias a ello y al paciente trabajo de la Secretaría, el SELA tiene hoy mandatos del Grupo de Río, del G-77 y de las Cumbres Iberoamericanas. Debiera tener también otros parecidos, como hacerle seguimiento a los acuerdos que van tomando los países de la región y la Unión Europea. Se consolidó también como punto focal de la cooperación en toda la región y de algunos temas, como el de las migraciones.Estoy seguro de que quedan muchas cosas por expresar, pero ya he dicho lo principal. Quiero, por eso, agradecer en nombre del SELA esta Condecoración y hacer votos porque represente un hito positivo y dinamizador de todo lo que el organismo significa para la región. Pido también el más fuerte apoyo para mi sucesor. Hablando por penúltima vez como Secretario Permanente, creo interpretar a todos los Estados Miembros del SELA si le doy las gracias a Ud. Sr. Canciller en nombre de todos ellos por este gesto que a todos nos compromete. Al volver a la vida privada y a una cierta mayor libertad para ver y decir las cosas le reitero a usted y a todos los presentes lo que he dicho en privado: cuenten conmigo en la amistad y en la lucha por las grandes ideas que mueven al mundo y, en especial, a esta región. De mi parte, por la fragmentación y dispersión regional, ¡nada! Por la integración latinoamericana y caribeña, ¡todo!
Hasta pronto, entonces, y muchas gracias.

Wednesday, October 12, 2005

ULTIMO DISCURSO EN EL SELA

(Palabras durante el acto de transmisión del cargo de Secretario Permanente del SELA a su nuevo titular, Embajador Roberto Guarnieri.Caracas, 11 de diciembre de 2003)

Ha llegado el momento de hacer entrega de mi cargo de Secretario Permanente del SELA a mi sucesor, hora importante que abre, como ha sucedido siempre, otra etapa en la vida del organismo. Entrego una tarea realizada para que comience otra.Los cuatro años en que ejercí estas funciones transcurrieron velozmente y lo esencial de mis experiencias las expuse en el Consejo Latinoamericano y, también ayer, en el acto en el Ministerio de Relaciones Exteriores en que se me impuso la Orden Francisco de Miranda. Ahora seré breve, porque el tiempo le pertenece a Roberto Guarnieri, quien asume, a partir de este momento, las delicadas tareas de conducir al SELA.Quiero en esta ocasión solamente pedirle a los Estados Miembros que apoyen sólidamente al Secretario Permanente y apliquen respetuosa y creativamente la filosofía de este cargo, que emana del Convenio de Panamá. Hay en él un germen de supranacionalidad altamente prometedor. Se encuentra en el hecho de proteger su independencia mediante una obligación que él contrae, consistente en no poder obedecer instrucciones de ningún país, incluyendo al propio.El Secretario tiene que intentar, en un esfuerzo cotidiano, interpretar los intereses de la región como un todo. Esta es la clave de un futuro esfuerzo de integración real. Yo sé que hay países a los que les cuesta aceptar esto, por estar todavía demasiado anclados en el concepto de soberanía que surgió con la creación de los Estados nacionales. Es obvio que debemos respetarlos escrupulosamente, pero no tenemos por qué darles la razón. Más bien, debemos hacer un paciente y persistente esfuerzo de persuasión para que descubran las ventajas de lo que por ahora temen.Efectivamente, estamos viviendo una era de globalización que inexorablemente debilita ese viejo concepto de soberanía a que he aludido. Hasta ahora no lo elimina, pero lo hace relativo. Piénsese solamente en el impacto de Internet, que hace impensable hoy el cierre de fronteras. Por esta vía se mueven recursos, ideas, imágenes, relaciones humanas en forma creciente, que anteriormente las fronteras policiales podían controlar. O la existencia de una red de satélites de comunicación que sobrevuelan los cielos de todos el planeta y transmiten imágenes y mensajes que cada día es más difícil de interceptar o bloquear. Lo inteligente hoy es integrarse de un modo sistemático y buscando preservar lo esencial de nuestra alma, esto es, los valores culturales propios. Se trata, además, de hacerlo para hacer aportes dentro de la globalización y no para aislarnos de ella, lo que resulta ya algo imposible, inútil y hasta poco inteligente.Termino aquí es última reflexión y reitero: lo importante esta mañana es que hemos llegado bien a este momento y que entrego el cargo a Roberto Guarnieri con la certeza de que sabrá ejercerlo con pericia, para bien de la Secretaría y de la región entera.Repito también mis agradecimientos a todo el personal que me acompañó. Por fortuna tendré la oportunidad de seguir visitándolos, de modo que me ahorro el tener que decirles "adiós", lo que sería muy triste. Solamente les digo, entonces, hasta pronto, deseándoles que pasen unas hermosas Navidades y que el año 2004 les traiga cosas buenas.A los representantes diplomáticos también les expreso estos mismos deseos, en la esperanza de seguir viéndolos para practicar la buena amistad de ciudadanos latinoamericanos y caribeños que debemos llegar a ser más temprano que tarde, sin barreras formales que nos separen.Finalmente, quiero agradecer la presencia destacada del Canciller de Venezuela, mi amigo Roy Chaderton. Ella subraya el gran apoyo de su país al SELA y para mí significa un gesto que trasciende fronteras y que nunca olvidaré.
Hasta la vista, entonces. Mil gracias a todos.